Mi visita a Catemaco

Escenarios verdes y azules son los que podemos encontrar más comúnmente en nuestra Visita a Catemaco, ubicado en la zona sur del estado de Veracruz, es sin duda una experiencia que no podemos pasar por alto durante nuestra estancia en dicho estado.

Por parte de la empresa: Tours & Tickets, tuve la oportunidad de conocer este formidable lugar, desde el inicio de nuestra travesía por la carretera se perfilan los colores, flora y fauna de la selva, hermoso camino arbolado con riachuelos alrededor, casas pintorescas y gente amable que ofrece sus productos en el camino.

Provenientes del Puerto de Veracruz, no podíamos ir a Catemaco sin antes visitar algunos de los puntos más representativos que posee el Sur del estado, dando paso a Santiago Tuxtla, cuna de la cultura Olmeca, aquí tuvimos la oportunidad de presenciar una “Cabeza Colosal”, que dicho sea de paso, es la más grande que se ha encontrado en la región. Así como conocer el parque y el centro de dicho municipio.

Por ser zona tabacalera, la visita obligada era a una de sus famosas fabricas de puros, donde apreciamos la elaboración de los mismos, desde la siembra y cosecha de hojas, hasta el seleccionado, cortado, enrollado, ordenado y empacado. Una experiencia sin igual y única, además de interactiva.

Continuando el tour, era momento de conocer el Salto de Eyipantla, ubicado en San Andrés Tuxtla, la leyenda prehispánica cuenta que Tláloc, el señor de la lluvia, supuestamente gobernó en Los Tuxtlas, eligiendo dicha cascada como su casa. Se dice que en ocasiones Tlaloc da señales de su majestuosa presencia, cuando los rayos del sol reflejan el “rugir” de la cascada y la niebla envuelve el follaje cercano.
Para llegar a tal lugar es preciso descender por 244 escalones, observando la vegetación del lugar y contemplando artesanías o artículos variados propios de la región, para finalmente presenciar desde su base una majestuosa cortina de agua con aproximadamente 40 metros de ancho y 60 metros de alto. La refrescante brisa que de ella emana, nos alienta para continuar por nuestro recorrido de regreso. Cabe destacar además que dicha cascada es alimentada por el Río Grande de Catemaco, uniéndose con el Río San Juan, Papaloapan y desembocando en el Golfo de México, cerca de Alvarado.

Era tiempo de continuar el recorrido hacía Catemaco, ingresando por sus callecitas típicas y conociendo su plaza principal. La Basílica deslumbra con su color blanco, que al reflejar los rayos de sol parece resaltar entre todo su entorno, con tonos azul cielo en sus cúpulas y relieves, rodeada de palmeras, arbustos y por su puesto de un Kisco que la acompaña en la plaza. Como ya es tradición, los fieles a la Virgen del Carmen, ingresan a la iglesia con un ramo de flores que se puede colocar muy cerca de la imagen, para agradecer o solicitar alguna bendición a la Madre de Dios, llenando el ambiente de amor, y fervor.
Un poco más adelante nos encontramos con la espectacular laguna de Catemaco, ya nos esperaba una lancha para iniciar el recorrido dentro del enorme lago, el clima era propicio para nuestro tour, ya que el sol dosificaba sus rayos, brindándonos de una templada estadía.

El paisaje era acogedor y formidable, una amplia laguna envuelta en vegetación por todos lados. El guía nos menciona que es en realidad un lago formado por erupciones volcánicas y alimentado por las lluvias torrenciales, propias del clima de bosque tropical que lo rodea, así como por decenas de arroyos, y varios ríos.

La “Isla de los Monos” es una de varias que podemos encontrar en la región, junto con la Isla Agaltepec o la Isla de las Garzas.
La primera en mención, cuenta con una colonia de macacos tailandeses implantada allí hace unos años para estudios de la Universidad Veracruzana, y que se han aclimatado de manera adecuada al medio lacustre, hábiles para atrapar la fruta que algunos de los visitantes les proveen, aprendiendo incluso a nadar para obtener sustento. Hoy en día ya son considerados por muchos como parte del paisaje natural de la laguna.
Catemaco cuenta además con abundante riqueza en su suelo, ya que de él se puede obtener barro o arcilla, que como es bien sabido, se ha utilizado por sus propiedades refrescantes, antiinflamatorias, descongestionantes, absorbentes, calmantes y desinfectantes. La mayoría de los presentes en el recorrido decidimos experimentar esta singular práctica, a la vez que la lancha hacía su recorrido habitual, fue entonces cuando hicimos una pausa en un recoveco de la laguna de donde proviene agua mineralizada ideal para quitar el exceso de arcilla del rostro, dejándonos una piel tersa y fresca y por su puesto una experiencia extraordinaria.

Adentrándonos en la laguna, llegamos a una reserva ecológica llamada Nanciyaga, con una gran sonrisa y amabilidad nos recibieron los lugareños, para brindarnos una visita guiada por la zona, teniendo como habitantes principales del destino: la estampa de la flora y la fauna propia de la región.

Lo primero fue descender del bote y observar que ancladas al pie de la reserva, se encuentran algunas lanchas sencillas pero muy coloridas, en medio de inmensos campos de lirios, para dar paso a un recorrido de aproximadamente 1 hora dentro de la selva y en total contacto con la naturaleza, en cuyos senderos podemos apreciar replicas de piezas prehispánicas, un teatro monolítico al aire libre, una zona para realizar temazcal, y un área protegida donde habitan varios cocodrilos y tortugas.

Bastante por realizar en un solo día, decidimos regresar al pueblo de Catemaco para degustar algunas de las delicias gastronómicas que ofrece la zona. Un restaurant típico, fue nuestra elección y poder saborear así de algunos platillos elaborados con especies endémicas de la laguna.

Así es que para iniciar probamos los “Topotes”, que son pescaditos similares a los charales, que se asan al horno y se comen enteros, ya sea con un poco de chile y limón. Continuamos con unos deliciosos “Tegogolos” (caracoles de agua dulce) con salsa de tomate, cebolla, cilantro, chile y limón.
Para dar paso al plato fuerte, seleccionamos varias opciones, entre ellas: la “Mojarra tilapia”, que se come frita o empapelada, acompañada de salsa mexicana o alguna otra guarnición, “La Minilla” o carne desmenuzada de anguila, sazonada y servida en tacos, fue de mis preferidas.
Otro platillo muy típico es la famosa “Carne de Chango”, ¡pero no se asusten!, no es otra cosa que carne de cerdo ahumada que adquiere un color rojizo, similar a la carne de mono, bastante rica por cierto.
Las “Pellizcadas con momocho” son una especie de sopes con base de chicharrón, y las “Empanadas de jaiba” son otra opción que nos brindaron para el menú y por supuesto no podría faltar el famoso “Chilpachole” que es un caldo especito de mariscos con un toque de picante.

Casi para concluir mi experiencia en este bello municipio, es importante mencionar un rasgo o característica que posee la zona y que es bien sabido por la mayoría de turistas nacionales y algunos extranjeros; Catemaco es el hábitat de importantes magos, brujos, hechiceros, curanderos y adivinos.
Que de acuerdo con la tradición habitan en sus alrededores desde hace décadas, repartidos entre la espesa vegetación que identifica a esta zona de la región de la costa del Golfo, han hecho suyos los secretos milenarios de sus ancestros. Ahora, realizan con gran respeto y solemnidad todo tipo de trabajos místico-adivinatorios desde una simple “limpia”, hasta la invocación de entes y espíritus, pasando por la cura o el remedio para todo mal utilizando hierbas, granos o semillas, así como cualquier otro elemento otorgado por la madre tierra.

Diversidad de atractivos ofrece la zona sur de Veracruz, deleite y disfrute total para los cinco sentidos. Misticismo envuelto en la selva, flora que funge como testigo de la historia y del paso de los años.
Escenario de magia, tradición y folclore se impregnan en mis pupilas, llevándome así un grato recuerdo de por vida.